Los certificados digitales son herramientas que sirven para muchas acciones del día a día y facilitan la vida entre personas y entre corporaciones e incluso con el estado.
El ejemplo más claro de este tipo de usos es el de autentificar la persona que se encuentra a distancia. El certificado digital permite escribir correos electrónicos con carácter vinculante ya que las personas incorporan la firma digital y por tanto pueden asentir algo sin estar físicamente. Pero también hay otros documentos que se pueden firmar como por ejemplo los ofimáticos que pueden ser entregados en USB o en otro soporte.
Poco a poco las relaciones entre las administraciones públicas y las personas se van haciendo menos burocráticas gracias a la digitalización. En este sentido los certificados digitales ayudan a realizar trámites desde casa o desde la oficina y no tener que perder el tiempo en el tráfico o haciendo cola. Sin un certificado digital es imposible autentificarse y entonces el gobierno no puede saber quién está solicitando los datos y siendo privados los burócratas no tienen opción de entregarlos a un desconocido.
En muchos países el certificado digital está comenzando a utilizarse también para hacer otro tipo de procesos con los gobiernos. Por ejemplo a la hora de cambiar la dirección de una empresa o de la vivienda o incluso para hacer el pago de impuestos. Sin lugar a dudas el certificado digital se está erigiendo como una auténtica bisagra entre el mundo 2.0, un mundo en el que lo intengible es más popular, y el mundo físico, el de las personas.


